Ir al contenido principal

¿Y si hacemos poesía?


Para el noventa de latinoamericanos la poesía es aburrida, suena lindo pero es aburrida, contradictoriamente tenemos los más grandes poetas del mundo, los versos más hermosos, las métricas más exactas; y así la poesía siendo caprichosa dio un pasito más adelante y otro más a atrás y se convirtió en lírica.

En el Perú el promedio de lectura es de 0,8 por persona al año, o sea, menos de un libro, la gente pide más un estadio que una biblioteca o una casa de la lectura, justifica más el éxito material que el éxito que te lleva el conocimiento, el material,  espiritual y el académico. Suele pasar que en las conversaciones no se tocan más temas, que no sean fútbol, mujeres, hombres, dietas y la vida ajena.

Volviendo al título, recuerdo la poesía de Gabriela Mistral, Amado Nervo, Pablo Neruda, la Poesía de Oro española, César Vallejo, Carmén ollé, Ethel Linares, Domingo de Ramos, poetas           que me nutrieron el alma, me enseñaron a disfrutar la literatura de otra forma, sutil y con más sentido subjtivo.

Entonces hagamos poesía:

No hablemos de amor,
El amor está para hacerlo,
Que tus fluidos y los míos se junten,
Que tu boca y la mía se hagan una sola,
Que nuestras almas sublimes trastoquen todo portal del universo.
No hablemos de amor, hagámoslo y que el placer lo haga por nosotros.


“Yo soy poeta, es lo mismo que ser todo  y nada en esta vida”,

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Último Adiós en la Selva Tarapotina.

Escuché el grito de mi madre. Me desperté de golpe, con el pecho encogido y la respiración entrecortada. La enfermera encendió la luz y, con voz grave, me dijo: “Es tu papá”. Salté de la cama y corrí hacia la habitación. Mi hermana hizo lo mismo, con el rostro desencajado, los ojos desorbitados. En los ojos de mi madre vi algo que no había visto nunca, un espejo en el que se reflejaba la muerte. Dos días antes, nos habían diagnosticado COVID-19: mi hermana, su esposo, mamá, papá y yo. Regresemos a esa madrugada. Una voz rasgó la calma de nuestra casa de campo. Una voz que pedía auxilio, una voz que quebró la noche. Mi madre lloraba. Juntaba las manos, quizás implorando, quizás temblando. En ese momento, el tiempo se volvió líquido. Lo que viví después fue una tormenta de emociones: amor, paciencia, terror, gratitud. Dacio llegó a mi vida cuando yo tenía seis años. El primer libro que me regaló fue La isla del tesoro. Aquel hombre que visitaba a mi madre en casa de mi abuela, aquel homb...

Lo que no tolero y me hace libre.

Tengo un blog que casi nadie lee; sin embargo, me es indiferente si lo hacen o no. A veces, cuando pienso en si debo retirarlo de las redes, pesa más en mí el hecho de que algunas partes de mi vida se reflejan indirectamente en sus publicaciones.   Hace casi 20 años dejé de leer autoayuda, cuando investigué las novelas de Paulo Coelho y descubrí que es un vil recolector de historias ajenas. Aun así, la gente cree que es escritor. Pero bueno, gustos son gustos, y en la lectura hay niveles.   No quiero escribir ni de mi blog ni de Paulo Coelho. Quiero que este pequeño post —cuyas letras se deslizan a través de mis dedos y el teclado para formar palabras, luego frases y después párrafos— sea algo personal, una enumeración de cosas que detesto.   Me molesta Dina Boluarte, pero mi desprecio hacia Keiko ya no tiene límites. En general, me exaspera la clase política.   No me gusta usar WhatsApp; solo lo uso para situaciones personales o laborales puntuales, y con las person...

El Día Internacional del Libro en el Perú: Cuando Leer es un Acto de Resistencia

Cada 23 de abril, el mundo celebra el Día Internacional del Libro con ferias, homenajes a autores y discursos grandilocuentes sobre la importancia de la lectura. Pero en el Perú, esta fecha no es más que una burla. Aquí, los libros son artículos de lujo, la educación privada el mejor de los negocios, y la cultura escrita, un privilegio al que muy pocos acceden. Las cifras lo confirman: según el INEI (2022), el peruano promedio lee 1.8 libros al año, una miseria intelectual que nos condena al atraso. Peor aún, 1.5 millones de peruanos son analfabetos, la mayoría mujeres pobres, indígenas y rurales, abandonadas por un Estado que las considera ciudadanas de segunda clase. Este no es un problema de voluntad individual, sino de un sistema podrido que perpetúa la ignorancia como herramienta de control.   El bajo índice de lectura no es casualidad; es el resultado de décadas de abandono estatal. No hay bibliotecas públicas dignas, no hay formación docente de calidad, no hay políticas...