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Entradas

El Último Adiós en la Selva Tarapotina.

Escuché el grito de mi madre. Me desperté de golpe, con el pecho encogido y la respiración entrecortada. La enfermera encendió la luz y, con voz grave, me dijo: “Es tu papá”. Salté de la cama y corrí hacia la habitación. Mi hermana hizo lo mismo, con el rostro desencajado, los ojos desorbitados. En los ojos de mi madre vi algo que no había visto nunca, un espejo en el que se reflejaba la muerte. Dos días antes, nos habían diagnosticado COVID-19: mi hermana, su esposo, mamá, papá y yo. Regresemos a esa madrugada. Una voz rasgó la calma de nuestra casa de campo. Una voz que pedía auxilio, una voz que quebró la noche. Mi madre lloraba. Juntaba las manos, quizás implorando, quizás temblando. En ese momento, el tiempo se volvió líquido. Lo que viví después fue una tormenta de emociones: amor, paciencia, terror, gratitud. Dacio llegó a mi vida cuando yo tenía seis años. El primer libro que me regaló fue La isla del tesoro. Aquel hombre que visitaba a mi madre en casa de mi abuela, aquel homb...
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Carta a mí mismo desde el corazón de un niño (1985 - 2025)

“Carta a mí mismo desde el corazón de un niño (1985 - 2025)” Querido señor Manuel Nieves: No sé cómo empezar esta carta que viaja a través de más de cuatro décadas, pero siento que tenía que escribirte. Soy tú, sí, pero en miniatura. En esta versión mía aún con los zapatos llenos de tierra, los bolsillos con canicas, y el corazón lleno de preguntas sin respuesta. Hoy amanecí con la certeza de que tú existes, allá lejos, en el año 2025. Y me pregunto si sigues escuchando la lluvia como si fuera una canción, si aún te emocionan las luciérnagas, si todavía te tiemblan las manos cuando escribes algo que te sale del alma. ¿O ya te acostumbraste a los días sin magia? A veces tengo miedo. Miedo de que la tristeza que a veces me visita se haya quedado a vivir contigo. Miedo de que hayas aprendido a callarte las lágrimas, a esconder la risa, a mirar al suelo en vez del cielo. Pero también tengo esperanza. Espero que hayas aprendido a abrazarte fuerte en las noches frías, a sostener tu voz cuand...

El Día Internacional del Libro en el Perú: Cuando Leer es un Acto de Resistencia

Cada 23 de abril, el mundo celebra el Día Internacional del Libro con ferias, homenajes a autores y discursos grandilocuentes sobre la importancia de la lectura. Pero en el Perú, esta fecha no es más que una burla. Aquí, los libros son artículos de lujo, la educación privada el mejor de los negocios, y la cultura escrita, un privilegio al que muy pocos acceden. Las cifras lo confirman: según el INEI (2022), el peruano promedio lee 1.8 libros al año, una miseria intelectual que nos condena al atraso. Peor aún, 1.5 millones de peruanos son analfabetos, la mayoría mujeres pobres, indígenas y rurales, abandonadas por un Estado que las considera ciudadanas de segunda clase. Este no es un problema de voluntad individual, sino de un sistema podrido que perpetúa la ignorancia como herramienta de control.   El bajo índice de lectura no es casualidad; es el resultado de décadas de abandono estatal. No hay bibliotecas públicas dignas, no hay formación docente de calidad, no hay políticas...

Lo que no tolero y me hace libre.

Tengo un blog que casi nadie lee; sin embargo, me es indiferente si lo hacen o no. A veces, cuando pienso en si debo retirarlo de las redes, pesa más en mí el hecho de que algunas partes de mi vida se reflejan indirectamente en sus publicaciones.   Hace casi 20 años dejé de leer autoayuda, cuando investigué las novelas de Paulo Coelho y descubrí que es un vil recolector de historias ajenas. Aun así, la gente cree que es escritor. Pero bueno, gustos son gustos, y en la lectura hay niveles.   No quiero escribir ni de mi blog ni de Paulo Coelho. Quiero que este pequeño post —cuyas letras se deslizan a través de mis dedos y el teclado para formar palabras, luego frases y después párrafos— sea algo personal, una enumeración de cosas que detesto.   Me molesta Dina Boluarte, pero mi desprecio hacia Keiko ya no tiene límites. En general, me exaspera la clase política.   No me gusta usar WhatsApp; solo lo uso para situaciones personales o laborales puntuales, y con las person...

Shibari

El lápiz que estaba buscando estaba sobre los cientos de lápices de la librería, me apresuré en recorrer los pocos metros que separaban de él. Es este le dije al profesor de arte, quien me acompañaba previo a la clase presencial de dibujo anatómico. Era uno común y corriente, pero para mí se hizo especial, una epifanía en plena librería de la avenida Larco.    Era de color verde con letritas doradas extendidas en la longitud del lápiz, le coronaba un metal plateado que circulaba elegantemente al borrador blanco. Pagué por él y le pedí a Rodrigo que nos apurásemos para la clase.    Coloqué mi lápiz en un lugar especial de la mochila, algún día valdrá mucho dinero, pensé. ¿Cambiamos de planes? Me dice él. No, le digo sin titubear. Quiero aprender a hacer las sombras de la iluminación tipo Rembrandt, le respondí mirándole a los ojos.    Cambiamos de planes entonces, me volvió a decir, seguro de sí. ¿Pero tendremos la clase? Claro, vamos a la cochera por e...

Esquizofrenia

El tema de salud mental en el Perú es uno de los más descuidados en cuanto a políticas públicas. Después de la pandemia del COVID los niveles de salud mental negativa superaron sus propias cifras, sumadas a las precarias formas del gobierno para atender a los pacientes.     La obra completa fue escrita por Alex Rodríguez (dramaturgo, director, actor, escritor) y nos presenta esta obra teatral, tomando algunas experiencias personales que marcaron en ese momento su vida. En los cuales él debería decidir si se dedicaría a la radiología, profesión que había estudiado o seguir su gran pasión. Contaba el año de 2017.    En esta versión corta, la trama inicia cuando Ignacio Castillo lidera un plan para fugar del centro de rehabilitación al que fue a parar luego de la traición de su musa desencadenando un cúmulo de emociones y recuerdos oscuros a través de su carta.   Además de interpretarla en escena, es su primer proyecto profesional como director    y según...

La piel más temida, un viaje a la identidad.

      En un principio tuve algún tipo de rigor que se enfatizaba al momento de encarar el título de la película con el desarrollo argumental de la misma: La piel más temida. El director, Joel Calero es testimonial a la hora de contar la historia. Expresa su arte hilándole de emociones básicas, primarias, como es el sentimiento materno y la orfandad por la que todos alguna vez pasamos. No te hablo de una orfandad física, sino que aquellas emociones y sentimientos que se van formando por ausencias que el destino pone como piedras en el camino.    Alejandra regresa al Perú después de más de 20 años para finiquitar la venta de una propiedad familiar y en el proceso de la formalización de la venta se da con la sorpresa que su padre está vivo y cumpliendo una condena por Senderista y por haber mandado a “destajar” a decenas de campesinos. Es en este punto donde se quiebran todas las sensibilidades, más aún cuando esta visita a su abuela paterna, en una localidad muy a...