Tengo un blog que casi nadie lee; sin embargo, me es indiferente si lo hacen o no. A veces, cuando pienso en si debo retirarlo de las redes, pesa más en mí el hecho de que algunas partes de mi vida se reflejan indirectamente en sus publicaciones.
Hace casi 20 años dejé de leer autoayuda, cuando investigué las novelas de Paulo Coelho y descubrí que es un vil recolector de historias ajenas. Aun así, la gente cree que es escritor. Pero bueno, gustos son gustos, y en la lectura hay niveles.
No quiero escribir ni de mi blog ni de Paulo Coelho. Quiero que este pequeño post —cuyas letras se deslizan a través de mis dedos y el teclado para formar palabras, luego frases y después párrafos— sea algo personal, una enumeración de cosas que detesto.
Me molesta Dina Boluarte, pero mi desprecio hacia Keiko ya no tiene límites. En general, me exaspera la clase política.
No me gusta usar WhatsApp; solo lo uso para situaciones personales o laborales puntuales, y con las personas que yo elija. Y si no me contestan, inmediatamente les cavo la tumba.
Detesto a quienes usan la amistad para conseguir sus objetivos. Cada día soy más selectivo al elegir amigos; no me interesa quedarme solo si voy a estar rodeado de personas que no me sumen.
Si hay algo que debo reprochar es la impuntualidad, pero los que merecen irse al infierno son los que ponen excusas. Siempre habrá pretextos para jugar con tu tiempo.
A los que usan el pretexto del "alma" y la "energía" para evadir emociones, los tengo de lado. Ya tengo suficiente karma como para cargar con el de ellos también.
Me asquea que la gente asuma que el cuerpo es un medio para obtener sus fines. Entiendo que es más fácil entregar el cuerpo que el alma, pero, si me permiten, les diré que respetarlo es una hermosa forma de quererse.
Amar no es sobrevivir. Al contrario: si sabes lo que quieres y te conoces, descubrirás que en la soledad también hay amor, y del bueno.
No quiero ahondar mucho en este tema, pero a los ingratos, incluso consigo mismos, los borro de mi vida. Lamentablemente, esto se evidencia después.
Mi lista podría seguir, pero me siento más agradecido que nunca, más seguro de mí mismo y, sobre todo, con una claridad mental que ya es mi compañera habitual. Quizá siga depurando amistades o conocidos, porque mi éxito no pienso —ni debo— disfrutarlo con cualquiera. Escrito está.
Nos leemos pronto. Que tengan una buena y bendecida semana.
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