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La espectacularidad de la luz precisamente viene de la oscuridad. Cuando Johan pensó que estaba perdido en ese inmenso llano de tierra negra, sus temores se fueron disipando a tal punto de sentirse bien, seguro de si mismo en aquella noche nublada. Comprendió además como ante cualquier hecho que te lleva a la desesperación, que su luz se fue para no volver. Y murió. Murió pleno, feliz de haberse desengañado que solo en la luz está la salvación. Sin querer y solo por vencer el miedo a no sentir, la noche también se enarboló. Pues al otro lado del mundo, en diferentes hemisferios y horarios, un hombre nuevo nacía, directo del rayo y del fuego, de la oscuridad que vive en la naturaleza y solo por transformarse lo hace en luz. Así nació, como nacen las más grandes catástrofes.

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