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Y no sabía qué escribir...



Nueve de la noche, es sábado y mi alma es una rémora que se mueve con mucha alegría con una música lenta. Me gusta la poesía, la letra profunda, la voz melodiosa, soy un melómano, tengo perfectamente organizadas mis músicas carpeta por carpeta, autor por autor y por qué no, versión por versión; he llegado a coleccionar más de siete mil canciones en mi iPhone. No crean que al tener tantas músicas yo me pierdo, muy por el contrario, tanta música me envuelve y me ubica en un mundo en el que probablemente he soñado siempre.  Al empezar a escribir este artículo suena la primera canción de Cyndi Lauper, All Through the night, “Durante toda la noche”, estilo, voy y melodías perfectas. 

¿Alguna vez me pregunté de dónde sale tanta inspiración, tanto sentimiento para componer e interpretar una canción? Casi nunca encuentro la respuesta, solo sé que la música nos envuelve, nos transporta a otro lugar, crea sentimientos y también los evoca. Así como los libros, nosotros no escogemos las canciones que nos gustan, ellas nos escogen de acuerdo a nuestra historia, de acuerdo al contexto. 

Todas las mañanas al despertar, escucho música de los sesentas, mi alma flota, yo debería haber nacido antes para poder interioridad tanto la letra y la música. Sí, estoy convencido de eso, no hay otra forma de explicar tanto amor y cariño a toda una generación de músicos y composiciones.

Hace dos años a tras veía una serie de terror, cuya intro me llegó a gustar un montón, la compré en el iTunes; uno de los tantos domingos que comparto con mi familia, la puse solo para provocar a mamá, y ella muy sorprendida me dijo: “Hijo, esa canción era mi favorita cuando estaba en el colegio de monjas, el aburrimiento era tal, que solo esa música mataba mi soledad.” 

Me quedé absorto y sin palabras, comprendiendo que la música nace del alma y que también es magia y de las verdaderas.


Hasta pronto, buenas noches. 

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