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El amor no mata. ¡Te apuesto!

Bueno, hace exactamente un año a tras estuve preparando una exposición para algunos representantes de la comunidad LGTBI de América Latina y el Caribe, no recuerdo bien el tema, pero el 2017 visité casi toda Latinoamérica compartiendo experiencias propias y también desde mi sitial de autoridad, lo cual resulta contraproducente  con tu labor de activista pro derechos a todo. En fin. Resulta que hoy, estaba durmiendo y como siempre hasta en sueños sigo despierto, pensando en algunos libros, en reuniones, en amistades, en gente que dice quererte y a las finales es un mero formalismo, porque a la hora que ellos deciden buscar y vivir su felicidad te conviertes en una simple estadística, puesto que el dicho que reza, primero yo, después yo, y tercero yo, se convierte en unidireccional, que obviamente nos motiva a tratar la felicidad como una mercancía o un tesoro que debe ser conseguida; digo, pobre ilusos, la felicidad es un destello dentro de la oscuridad y no se busca, solo llega ...

Ave del Paraíso... ¿Amor o melancolía?

Es curioso sentir más que eso, melancolía... Son las ultimas palabras de una canción romántica. Quizá lo mío va por la misma cañería emocional, ya que puedo percibir aun las típicas corazonadas de perder a algo que realmente te roba o te da toda esa pasión que necesitas, en mi caso la literatura.  La casa donde yo vivo por decisión transitoria está rodeada de árboles frutales, que me dan sorpresas inconmensurables, ayer vi un grupo de monitos juguetones que curioseaban al rededor de la camioneta de uso familiar, hoy, mientras ojeaba algunos apuntes mientras esperaba el café de las cinco, vi un hermoso ejemplar de una de las aves más hermosas de la selva, vi un Tucán y no quiero exagerar de simbólico, tenía el pico color del arco iris. Tengo en mis manos un voluminoso ejemplar de un libro de una de mis escritoras preferidas, se llama (el libro: Ave del Paraíso) de Joyce Carol Oates y no hay ninguna referencia de los críticos que dejen de ponerse a sus pies. Si desde ya, leer y ...

Preparados, listos... ¡Corre, corre, Forest!

Tengo el escritorio un poco ocupado, tanto en su cuadriculada extensión, como en su subjetividad más estricta de saber que lo adquirí para sentarme rigurosamente a pensar y poder crear textos literarios para colgar en mi blog. Desde que me mudé me he vuelto un procastinador; pospongo todo, ensayos, análisis de lecturas, prioridades que para cualquiera son indudablemente una pérdida de tiempo.  Pero a Dios gracias, inevitablemente para mi no lo son.  He decidido empezar este 2018 con muchos planes, entre ellos está recuperar los ocho kilos que subí el año pasado, hacer más deportes, traer todos los proyectos que pueda para la ciudad en la que vivo, mejorar como ser humano y sobre todo dar mucho más con el compromiso que tengo hacia mi comunidad LGTBI; en fin, se que no es poco, pero lo haré. Empecé el año leyendo al que se convirtió en uno de mis escritores favoritos, Haruki Murakami, el libro “De qué hablo cuando hablo de correr” y vaya, me está gustando más de lo que...

La búsqueda.

_ ¿Y dónde puedo encontrarla?  — En cualquier lugar de la carretera, camina y camina hasta encontrar una Iglesia. Siempre algún cura la alimenta, la viste y la tiene ahí hasta que se aburre y se va.  — ¿Está loca o es una forma de vivir, algo así como una aventurera? — Debería hablar con ella, joven. Tiene una historia, pero la gente de acá no la cree, ella está loca o de repente le hicieron brujería. — ¿Brujería? — Sí joven, dicen que cuando era señorita era muy bella y un cura la embarazó.  Nunca vimos nacer al niño ni a ella con la panza, solo supimos que ya deambulaba como loca por todos los pueblos. Desde Tocache hasta Tarapoto, esa es su ruta. Yo la veo siempre, y cada que hay espacio en el carro le hago un jale, apesta un poco nomás, pero caballero, gente es gente pues.  No sabía por dónde empezar a buscarla, no tenía ni nombre ni apellido fijo, no se especificaba su edad ni de dónde venía. Tenía características propias, como los rosario...

A veces hay que mirar dentro. (Acá todo es personal)

Indudablemente, este es uno de los poquísimos artículos que escribiré o narraré algo de mí, puesto que, desde hace mucho tiempo me sentía recluido dentro de mí mismo, como un preso o quizá escondido en una enorme coraza de miedos y nuevos retos.   Hace un tiempo a tras intenté llevar una relación, salía con él, almorzábamos juntos, cenábamos, hicimos una vida en común, hasta que un día, no se si bueno o malo, apareció irremediablemente el pasado, su pasado y una versión casi surrealista de un cuento de hadas mal terminado, chismes, intrigas, circunstancias que no pude ni quise remediar, mi pensamiento más cercano fue dejar que el tiempo hiciera lo suyo, ya que (siento que me estoy desvistiendo con todas las luces y los ojos inquisidores encima) nunca en mi vida había competido de manera desleal con nadie. En pocas palabras mi vida se puso al revés.  No soy de las personas que lloran sus desgracias en cada esquina vacía que encuentran, soy peor. Evado, viajo, compro,...

Discoteca Anaconda, las Leyes y el gracioso Alcalde Philco.

No hablaré más de Carlos Philco, Alcalde del Distrito de Morales, el grita y chilla por sí solo. Lo que sí me llamó la atención es su obediencia debida por hacer cumplir la Ley de la peor manera. En conclusión, no creo que la Ley no se pueda hacer cumplir, lo que siento es que el Burgomaestre ha perdido todo tipo de credibilidad. Para muestra un botón.intentaron cerrar la Discoteca Anaconda sin éxito, pues su fieles clientes pasaron por encima de las maquinarias pesadas y al final se hizo la fiesta. Solo una pregunta, es en esto que se van los impuestos de los vecinos y vecinas del Distrito de la Papaya. Saque usted sus propias conclusiones.

En el amor sobrevive el más fuerte, o el que menos ama.

I ndiscutiblemente, en el amor el que se enamora, pierde. Pierde la cordura, pierde la autenticidad, los pasos, inclusive el camino. Frente a mi obviamente está un ordenador casi con la página en blanco, cientos de post it´s, mi viejo cuaderno de apuntes, mi cuaderno de memorias y una serie de adminículos de oficina, que hacen de mi vida de escritorio más útil y sobre todo colorida.  Tengo en televisor encendido en una película que no me interesa, observo girando casi 270 grados qué libro empezaré a leer ahora, debo leer más si quiero escribir mejor. Estoy un poco cansado por los ejercicios de la rutina del gimnasio, algo pensativo porque el artículo que publiqué ayer no fue muy leído, después de todo, tengo muchas páginas en blanco que recorrer.  La idea era escribir del amor, de cuánto sufrimos cuando no somos correspondidos o metemos la pata y no somos capaces de aprender de nuestros errores y pedir con justa razón o no, disculpas o perdón. Debería indicar de una ...