No hablaré más de Carlos Philco, Alcalde del Distrito de Morales, el grita y chilla por sí solo. Lo que sí me llamó la atención es su obediencia debida por hacer cumplir la Ley de la peor manera. En conclusión, no creo que la Ley no se pueda hacer cumplir, lo que siento es que el Burgomaestre ha perdido todo tipo de credibilidad. Para muestra un botón.intentaron cerrar la Discoteca Anaconda sin éxito, pues su fieles clientes pasaron por encima de las maquinarias pesadas y al final se hizo la fiesta. Solo una pregunta, es en esto que se van los impuestos de los vecinos y vecinas del Distrito de la Papaya. Saque usted sus propias conclusiones.
Escuché el grito de mi madre. Me desperté de golpe, con el pecho encogido y la respiración entrecortada. La enfermera encendió la luz y, con voz grave, me dijo: “Es tu papá”. Salté de la cama y corrí hacia la habitación. Mi hermana hizo lo mismo, con el rostro desencajado, los ojos desorbitados. En los ojos de mi madre vi algo que no había visto nunca, un espejo en el que se reflejaba la muerte. Dos días antes, nos habían diagnosticado COVID-19: mi hermana, su esposo, mamá, papá y yo. Regresemos a esa madrugada. Una voz rasgó la calma de nuestra casa de campo. Una voz que pedía auxilio, una voz que quebró la noche. Mi madre lloraba. Juntaba las manos, quizás implorando, quizás temblando. En ese momento, el tiempo se volvió líquido. Lo que viví después fue una tormenta de emociones: amor, paciencia, terror, gratitud. Dacio llegó a mi vida cuando yo tenía seis años. El primer libro que me regaló fue La isla del tesoro. Aquel hombre que visitaba a mi madre en casa de mi abuela, aquel homb...
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