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No lo leas antes de Navidad. ¡Vive!

Empiezas a creer lo que siempre te fue indiferente, empiezas a imaginar, ilusionarte, a ver en sus imperfecciones un lienzo perfecto, una nota melódica o quizá un eco que parece voz estentórea, choca con los árboles, rebota en tu inconsciente y te trae recuerdos. Amance agresivos pájaros silvestres que buscan en primavera su mejor estadía, vuelan bajo porque no quieren encontrarse con los Dioses, desean historias de amor que puedan picotear y alimentarse, esos amores que se juran no olvidarse nunca y que lo hacen a medio camino. 

Empiezas a creer que todo es eterno, un beso, una sonrisa, una verdad. Un beso termina al primer suspiro, porque quien no respira ya está muriendo; una sonrisa incansable solo un bufón lo puede dar; una verdad se va trastocando con el tiempo, es atemporal y suele ser inocua hasta para nuestros versos que se convierten en carroña.

Empiezas a amar y tu sutileza es una torpeza que no se remedia ni con actos, ni con maquillaje, conviertes tu cara en un vil ejercicio del arte plástico, enrarecido con abundante color mundano, eres otro, sonríes para otros, crees ir de la mano hasta el fin de tus días y cruzas ríos, puentes rotos, inconscientes oscuros y llenos de traumas, sin embargo lo amas. Ves tu teléfono móvil cada momento y ese mensaje que no llega, son como las cartas de gitanos, benditos mensajes que presagian ahora palabras de amor y compromiso, benditos Arcanos Mayores que dicen influir en tu vida e igual, sigues enamorado, viendo las estrellas en una galaxia lejana, nebulosas que solo rondan en tu mente. Así es el amor, todo empieza por algo.


Empiezas a terminar algo, no crees en el fin, no crees en la muerte, inconsciente que vive sin saber que convivimos con ella desde el primer día en el que nacimos. Sigues como loco, lo ves mientras conduce el carro, sabes todas sus mentiras y sabes que te seguirá mintiendo. Te dice te quiere, te la crees. Pero vives, sueñas, gozas, eres feliz, porque si no lo hicieras o lo dejaras de hacer leyendo todo lo que escribí (que no es una ley, es una forma de ver las cosas), eres un o una tremenda huevona. ¡Vive!

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