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Érase una vez el amor.


Una ruta se hace larga cuando no sabes disfrutar el paisaje, cuando no tienes una buena conversación, cuando no tienes el destino fijo, cuando a pesar de todas las ganas de vivir, te mueres por dentro pensando en tus problemas, ahogándote en un vaso de agua de vidrio frágil y opaco. 

Soy de las personas que no busca en el amor ni en otro aspecto emocional de mi vida, sufrir. Se acaba cuando yo tomo la decisión, cuando analizo los hechos y sé que la historia no va para más, analizo las alternativas de solución, me compro un buen libro, veo un par de buenas películas y si se da el caso, me tomo la mejor botella de vino blanco que tengo en reserva.

Alguna vez, mientras conducía camino a casa, un amigo me llamó a contarme sus pesares, a que no adivinan, estaba sufriendo por amor; después de escucharlo buen tiempo, lo comprendí, es más, no quise estar en sus zapatos roídos y viejos. Me exigía un consejo, después de pensarlo, le devolví la llamada. ¿Fuiste alguna vez a visitar a alguien en la cárcel? ¿Fuiste alguna vez al hospital a ver o ayudar algún enfermo? ¿Viste llorar a un niño de hambre o extrañar a sus padres, sabiendo que nunca volverían? A todas las preguntas me dijo que no. Fue cuando le increpé, entonces si no sabes qué cosa es el sufrimiento, mucho menos vas a saber que es el amor y si vas a sufrir, que sea primero por los demás, luego si se da el caso que sea por una persona que valga la pena, no por aquella que no es sincera y a sabiendas que te hace daño, sigue contigo. Nunca más me volvió a llamar, nunca vi alguna foto suya ayudando a alguien ni rastros de hacerlo. Érase una vez el amor para él, porque hasta ahora sigue con la corona de espinas. El amor es subjetivo mientras no es correspondido, es una idealización sublime del más puro acto, mientras no llegue para ustedes, no tiren, no tengan sexo, más  bien gocen de su sexualidad de la manera más responsable y discreta, el resto es puro cuento. Al final de cuentas, se vive solo una vez y no todas las historias de amor tienen finales felices.


¿Sí yo sufro por amor? Yo sufro cuando no me puedo comprar un libro o cuando me voy a la aldea infantil y escucho a mi ahijada decir que ella no tiene papá porque él está en la carcel. Y así, si les gusta sufrir, hay cosas por las que si vale la pena echar una lágrima al viento. 

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