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El cambio que esperas...

No siempre es necesario presumir por algo que los demás ven, pero, ¿de qué manera podríamos vender alguna característica tuya o nuestra, sin caer, en el viejo adjetivo que nos califica de presumidos, arrogantes o hasta egocentrista? Lo he pensado muchas veces, quizá una sola palabra o foto lo diga todo; hay gente que probablemente lo entienda y otras no. Que no te quite la gente el placer de vivir a tu manera, a avanzar de a pocos, que no te señale con el dedo orientándote el camino, sábete como el río, fluye, que todos inevitablemente llegaremos al mar. Estamos en épocas en las que de tener un precio es mucho más importante que tener valor, en épocas donde solo importa ver la flor, mas no sentir su aroma, en épocas en las que presumes todo sin tenerlo nada. Queremos un cambio, pero no queremos deconstruirnos para llegar a ello. Hacemos preguntas por todos lados, sin importar que el elemento fundamental es la respuesta crítica, la que no juzga pero si reconstruye, nos alimentam...

Sobre el amor.

Lo que más nos jodía no era dar, sino recibir nada a cambio. Y volvemos siempre a lo mismo, a quedarnos mirando el techo cuando algo malo nos sucede, cuando sin pensar hemos caminado un largo trecho sucumbiendo en las locuras del amor. Sí, quien diga que alguna vez en su vida no se haya detenido a manifestar su preocupación por alguien, nos está mintiendo. Somos muy recurrentes al enamorarnos, no aprendemos, no evolucionamos, creemos en la firmeza de nuestras convicciones, ma s no en la de nuestro compañero y empiezan los celos, las pequeñas riñas y el inevitable fracaso, que viene con un rosario de reclamos, frustraciones y sufrimiento. Ayer hacía más frío que de costumbre en nuestra fría Lima y mi amiga y yo empezamos a hablar de cómo enfrentamos el amor a nuestras cuatro décadas; después de intercambiar algunos puntos de vista, lo que más nos jodía no era dar, sino recibir nada a cambio. Y es eso, no podemos amar a plenitud sino recibimos algo a cambio, una caricia, un mensa...

El universo en tu mirada.

Me dice que es un espíritu malo porque es poco probable su muerte, yo lo miro, confabulando con el reloj, el tiempo que pasará conmigo. Sus historias contadas por él, no hacen otra cosa más que confirmar que nos hemos conocido en otra vida, me lo dice su calor, me lo descifra la armonía de sus palabras y la docilidad de sus labios.  Juega como un niño, revuelca entre las sábanas, esperanzado a que cualquier torpeza nos pueda tener en el limbo nuevamente; solo lo observo, aturdido aún porque las cosas por más complejas que parezcan, no existen cuando hay un momento (tan solo un momento) de dos personas sincronizadas en cuerpo y alma.  La charla se extiende, escuchamos música de los 80s, y aún sabiendo que mi elección tiene mucho de egoísta, decido no cambiarla, porque la idea, entre muchas otras cosas, es que yo la pase bien y si él también lo hace, mejor. Conversamos de todo y nada a la vez; entonces llega el momento de mirarnos fijamente a los ojos, ¡tiene vida, sí, ...

El amor no mata. ¡Te apuesto!

Bueno, hace exactamente un año a tras estuve preparando una exposición para algunos representantes de la comunidad LGTBI de América Latina y el Caribe, no recuerdo bien el tema, pero el 2017 visité casi toda Latinoamérica compartiendo experiencias propias y también desde mi sitial de autoridad, lo cual resulta contraproducente  con tu labor de activista pro derechos a todo. En fin. Resulta que hoy, estaba durmiendo y como siempre hasta en sueños sigo despierto, pensando en algunos libros, en reuniones, en amistades, en gente que dice quererte y a las finales es un mero formalismo, porque a la hora que ellos deciden buscar y vivir su felicidad te conviertes en una simple estadística, puesto que el dicho que reza, primero yo, después yo, y tercero yo, se convierte en unidireccional, que obviamente nos motiva a tratar la felicidad como una mercancía o un tesoro que debe ser conseguida; digo, pobre ilusos, la felicidad es un destello dentro de la oscuridad y no se busca, solo llega ...

Ave del Paraíso... ¿Amor o melancolía?

Es curioso sentir más que eso, melancolía... Son las ultimas palabras de una canción romántica. Quizá lo mío va por la misma cañería emocional, ya que puedo percibir aun las típicas corazonadas de perder a algo que realmente te roba o te da toda esa pasión que necesitas, en mi caso la literatura.  La casa donde yo vivo por decisión transitoria está rodeada de árboles frutales, que me dan sorpresas inconmensurables, ayer vi un grupo de monitos juguetones que curioseaban al rededor de la camioneta de uso familiar, hoy, mientras ojeaba algunos apuntes mientras esperaba el café de las cinco, vi un hermoso ejemplar de una de las aves más hermosas de la selva, vi un Tucán y no quiero exagerar de simbólico, tenía el pico color del arco iris. Tengo en mis manos un voluminoso ejemplar de un libro de una de mis escritoras preferidas, se llama (el libro: Ave del Paraíso) de Joyce Carol Oates y no hay ninguna referencia de los críticos que dejen de ponerse a sus pies. Si desde ya, leer y ...

Preparados, listos... ¡Corre, corre, Forest!

Tengo el escritorio un poco ocupado, tanto en su cuadriculada extensión, como en su subjetividad más estricta de saber que lo adquirí para sentarme rigurosamente a pensar y poder crear textos literarios para colgar en mi blog. Desde que me mudé me he vuelto un procastinador; pospongo todo, ensayos, análisis de lecturas, prioridades que para cualquiera son indudablemente una pérdida de tiempo.  Pero a Dios gracias, inevitablemente para mi no lo son.  He decidido empezar este 2018 con muchos planes, entre ellos está recuperar los ocho kilos que subí el año pasado, hacer más deportes, traer todos los proyectos que pueda para la ciudad en la que vivo, mejorar como ser humano y sobre todo dar mucho más con el compromiso que tengo hacia mi comunidad LGTBI; en fin, se que no es poco, pero lo haré. Empecé el año leyendo al que se convirtió en uno de mis escritores favoritos, Haruki Murakami, el libro “De qué hablo cuando hablo de correr” y vaya, me está gustando más de lo que...

La búsqueda.

_ ¿Y dónde puedo encontrarla?  — En cualquier lugar de la carretera, camina y camina hasta encontrar una Iglesia. Siempre algún cura la alimenta, la viste y la tiene ahí hasta que se aburre y se va.  — ¿Está loca o es una forma de vivir, algo así como una aventurera? — Debería hablar con ella, joven. Tiene una historia, pero la gente de acá no la cree, ella está loca o de repente le hicieron brujería. — ¿Brujería? — Sí joven, dicen que cuando era señorita era muy bella y un cura la embarazó.  Nunca vimos nacer al niño ni a ella con la panza, solo supimos que ya deambulaba como loca por todos los pueblos. Desde Tocache hasta Tarapoto, esa es su ruta. Yo la veo siempre, y cada que hay espacio en el carro le hago un jale, apesta un poco nomás, pero caballero, gente es gente pues.  No sabía por dónde empezar a buscarla, no tenía ni nombre ni apellido fijo, no se especificaba su edad ni de dónde venía. Tenía características propias, como los rosario...