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La diversidad sexual en el universo literario de Mario Vargas Llosa.


Después de celebrar el mes del orgullo homosexual, decidí desarrollar este artículo que hace tiempo tenía en mente, que no pretende otra cosa más que entretener a mis seguidores. Este no es tampoco uno de opinión, sino de un análisis concienzudo de algunas de mis lecturas sobre el escritor y por consiguiente de mis polvorientos apuntes que urgen ser leídos y obviamente publicados. 

 

Mario Vargas Llosa, tiene la capacidad de crear personajes memorables, ya sea por auto referencia o históricos como en La Fiesta del Chivo o El Sueño del Celta o creados desde la auto ficción, todos sólidos, con carácter y personalidad que los hace dar pasos firmes en la construcción de sus historias, no en vano, el pasional escritor es acreedor del premio máximo de las letras, el Nobel de Literatura. 

 

Hay cientos de fuentes, creíbles o no, que cuentan que el cadete Vargas Llosa fue víctima de algún tipo de abuso de tipo homosexual en su estadía en el colegio militar, lo que según marcaría, su narrativa. Voy a ser claro en este asunto, la orientación sexual ni identidad de género no puede influenciar en la obra final de un artista. Así es que, sin más preámbulos empecemos. 

 

La Chunga, chunguita, personaje de La Casa Verde, es una mujer dueña de un prostíbulo en medio de la selva. Posteriormente a esta obra, el también dramaturgo Mario Vargas Llosa, escribió una obra teatral bajo el nombre de La Chunga, que trata específicamente sobre la trata de blancas y la violencia contra la mujer. Todo transcurre por la noche, entre La Chunga y Meche, es ahí, en momentos propios de una novela erótica, la protagonista trata de seducir a Meche usando recursos explícitamente lésbicos que adquirió durante su vida dedicada al placer. 

 

Otra obra de Vargas Llosa es El paraíso en la otra esquina, de carácter histórica con elementos de ficción, nos narra la vida de la escritora feminista Flora Tristán, bisexual y activista, además de abuela de Paul Gauguin, pintor que sale de Europa en busca del paraíso, es así que llega a Tahití para cambiar su forma de ver y sentir del arte, es precisamente en ese proceso, donde el pintor se siente atraído por personas de su mismo sexo. Cuando leí este libro, hay una escena donde Gauguin es llevado en brazos de un nativo isleño, (fortachón, alto y atractivo) para cruzar el río y este eyacula traicionado por sus hormonas. Es una escena bien escrita, que imaginé que solo un homosexual lo podría escribir así, sugerente y emocionante, casi un softporn. 

 

En los Cachorros, la castración de Cuéllar es un giro vital para el transcurso de la historia, de quien se dice que a partir de ese hecho se le atribuye maneras débiles, femeninas y no sabía jugar fútbol. ¿Acaso Vargas Llosa nos escribía de una castración química que llevaba al personaje a la homosexualidad? Al final, Pichulita, sobrenombre de Cuéllar, muere en un accidente de tránsito. 

 

En el Sueño del Celta, obra ambientada en el siglo pasado, Roger Casement, lleva su homosexualidad entre el fuego y la nieve, entre la rudeza de los hombres y la feminidad de una sexualidad atrapada en una sociedad llena de prejuicios. El autor es explícito en el fondo y la forma, o como dirían ahora: entre su orientación sexual e identidad de género. 

 

Juan Barreto era un Hippie, llevaba una vida desordenada, totalmente libre y sin cuidado, a tal punto de contagiarse de SIDA. Así es narrada en parte, la vida de este personaje en la novela de Travesuras de la niña mala. De alguna forma el autor, trata de ponernos al tanto como se llevaba y se lleva aun el estigma de las personas que disfrutan de su orientación sexual de manera irresponsable. Una forma muy realista de describir un personaje que hoy en día sería censurable.

 

Dejé al final la novela La historia de Mayta, que tiene parte de su historia un hecho real, que narra la historia del Trotskista Alejandro Mayta, un hombre con ideas de izquierda, un soñador con la utopía como estandarte, que se envuelve como una trampa como en su propia tensión sexual. El libro es más sugerente, es una historia de vida que se desenvuelve entre la frustración y pérdida inevitable. La homosexualidad de Mayta se toca profundamente, en escenas y diálogos bien elaborados, sin caer en el exceso, quizá el mejor personaje homosexual de Mario Vargas Llosa, y contradictoriamente uno de sus libros menos leídos. 

 

La diversidad sexual o el arco iris como dirían nuestros amigos activistas, siempre estará en la pluma de Vargas Llosa, sin caer en la ambigüedad y en la autocensura. 

 

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