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La ciudad de las bestias - Isabel Allende.

 ¿Qué tuviera que ver una abuela y su nieto en medio de la selva buscando una bestia salvaje? ¿Un hijo en la misma selva buscando una sustancia milagrosa para curar el Cáncer? ¿O con una joven que es capaz de comunicarse con los animales de la zona?

 

Estos son algunos de los personajes que nos presenta Isabel Allende de manera que interactúan en medio de un contexto hostil, en los que cada personaje tiene un objetivo propio, que se ajusta también a sus necesidades de supervivencia, no solo en esa selva, sino en sus interioridades, donde también hay otras selvas, otros monstruos, quizá mucho más peligrosos y nocivos que el que nos presenta Allende en su libro número dieciséis. 

 

Es que lo la autora de la Casa de los Espíritus nos da como premisa para poder entender a plenitud el mensaje de su historia, es la forma en el que afrontamos nuestros miedos, retos y objetivos en este mundo cada vez más obstinado a exteriorizar lo que más se acerca a nuestra irracionalidad hasta convertirnos en una bestia, de la que, si no sabemos escapar, termina devorándonos. 

 

El realismo mágico que ella acusa en esta obra, es más real que mágica a pesar de mostrar todas las características propias de esta corriente literaria, es más, me atrevería a decir que es sui generis.

 

Con esta historia les garantizo una total fluidez de la lectura, directa, confrontacional, no es un libro para dejar el aburrimiento, es para entrar en él y combatirlo a través del entretenimiento de la lectura y la mordacidad, estilo y arco narrativo, propios de la escritora y que hoy son su sello personal. 

 

Les dejo algunas frases que me llamaron la atención como cualquier bestia, que busca super vivir en una ciudad que aun le es ajena. 



 

Frases:

“Prefiero morir asesinada por los indios en el amazonas, que de vejez en Nueva York”.


“Comprendió que la felicidad consiste en alcanzar aquello que hemos esperado por mucho tiempo”.

  “El padre Valdomero incluso había viajado al vaticano para denunciar los abusos contra los indígenas, pero sus superiores eclesiásticos le recordaron que su misión era llevar la palabra de Cristo al Amazonas, no meterse en política. El hombre regresó derrotado, preguntándose cómo pretendían que salvara las almas para el cielo, sin salvar primero las vidas en la tierra”. 


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