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La otra muerte.



A menudo le asaltaban sentimientos de culpas, en todo momento, a toda hora y en cualquier intensidad. Daniel aprendió desde pequeño que las cosas se deben hacer en el momento oportuno, sin pensarlo tanto, sin perder tiempo, ganándole a la vida, al destino. Pero esa mañana estaba que daba vueltas a la situación que se le había presentado como una imposición, como un mandato divino; analizaba cada situación, era él o ella, era su vida o la de otros. Claro, era su vida, debería ser feliz, para eso nació, era ahora o nunca empezar algo nuevo, sin temores, sin nada que pudiera empañar una decisión, que por simple que pareciera, le aseguraba por el momento, su felicidad plena. Camina dejándose llevar con una canción que solo él escucha, ensimismado y lleno de planes. Piensa en su padre que fue padre a los veintitrés y en su abuelo a los veinte, qué hacía la diferencia entre esta herencia casi inevitable de ser padre a temprana edad. Nada, pues nada. Su vida estaba llena de parafraseos de enseñanzas cotidianas, que todo niño nace con un pan bajo el brazo, que Dios provee y que es infinita la gracia del señor para quienes creen en él. Y así, eran las nueve de la mañana con nueve minutos, su enamorada le esperaba en la clínica para recibir el resultado de los análisis juntos. No se detenía ante nada, caminaba soñando, como un robot programado para detenerse en la cuadra veintidós de la avenida Jorge Luis Borges en el frío otoño de Buenos Aires.  Cierto, la noticia que tanto esperaba estaba a pocas cuadras, justo a media esquina. Cogió su teléfono celular y revisó tuiter, menuda sorpresa, hace un par de horas el ex presidente peruano Alan García se había intentado quitar la vida de un disparo. Cobarde, pensó y siguió caminando. Miró el edificio como se mira un gigante. Desde la azotea se observaba como una hormiga entrando a casa. Tercer piso, sala dos, laboratorio once B, ahí estaría Rocío, esperándolo en esa mágica mañana. Llega airoso, saluda con un romántico y apasionado beso a su amada, siente su indiferencia, pasa algo, le pregunta mientras descifra esos sentimientos que culpa que lo tenían cojudo unos días antes. Ella lo mira, perdí el bebé dice sin mirarle a los ojos. Él busca una explicación y siente que su cabeza da vueltas, ella no necesita saber nada más. Se juntan a un lado de la sala dos para conversar, parece, solo parece que ella tiene todo bajo control, le explica algo que a él le cuesta entender. Rocío intenta abrazarlo, él no se deja. No sabemos con seguridad qué hablaron o qué le dijo ella. Daniel abandona la sala dos, baja del tercer piso y sale del edificio que parece un gigante, desde lo alto se observa como una hormiga que sale en busca de algo sin saber qué.

Han pasado las horas, está en su habitación, el otoño está fuerte y sin ser invierno el frío se deja sentir, es diecisiete de abril, las noticias no hablan de otra cosa más que de la muerte de Alan, el cobarde y corrupto ex presidente. Piensa en la muerte como escape y como redención, como motivo de desconsuelo. Sí, Rocío decidió sobre la vida del bebé que ambos esperaban, eludió su destino, no quiso ser madre, no la culpa, pero tampoco la comprende, capaz sea su egoísmo o su ego de hombre próximo a cumplir veinte años. No sabe, de lo único que está seguro al apagar el televisor, es que en su vida hoy hubo dos muertes, por una siente un placer culposo, por la otra una sensación de vacío y de liberación. Así es él, contradictorio, humano y animal, a veces.

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  2. Certero final: " No sabe, de lo único que está seguro al apagar el televisor, es que en su vida hoy hubo dos muertes, por una siente un placer culposo, por la otra una sensación de vacío y de liberación. Así es él, contradictorio, humano y animal, a veces."

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  3. Certero final: " No sabe, de lo único que está seguro al apagar el televisor, es que en su vida hoy hubo dos muertes, por una siente un placer culposo, por la otra una sensación de vacío y de liberación. Así es él, contradictorio, humano y animal, a veces."

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  4. Certero final: " No sabe, de lo único que está seguro al apagar el televisor, es que en su vida hoy hubo dos muertes, por una siente un placer culposo, por la otra una sensación de vacío y de liberación. Así es él, contradictorio, humano y animal, a veces."

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