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Carta a mí mismo desde el corazón de un niño (1985 - 2025)

“Carta a mí mismo desde el corazón de un niño (1985 - 2025)”


Querido señor Manuel Nieves:


No sé cómo empezar esta carta que viaja a través de más de cuatro décadas, pero siento que tenía que escribirte. Soy tú, sí, pero en miniatura. En esta versión mía aún con los zapatos llenos de tierra, los bolsillos con canicas, y el corazón lleno de preguntas sin respuesta.


Hoy amanecí con la certeza de que tú existes, allá lejos, en el año 2025. Y me pregunto si sigues escuchando la lluvia como si fuera una canción, si aún te emocionan las luciérnagas, si todavía te tiemblan las manos cuando escribes algo que te sale del alma. ¿O ya te acostumbraste a los días sin magia?


A veces tengo miedo. Miedo de que la tristeza que a veces me visita se haya quedado a vivir contigo. Miedo de que hayas aprendido a callarte las lágrimas, a esconder la risa, a mirar al suelo en vez del cielo. Pero también tengo esperanza. Espero que hayas aprendido a abrazarte fuerte en las noches frías, a sostener tu voz cuando el mundo quiera silenciarte, a ser tierno contigo mismo, aunque nadie más lo sea.


¿Te acuerdas de cuando soñabas con cambiar el mundo con palabras? ¿Con ser valiente, aunque temblaras por dentro? Yo aún tengo ese sueño. Espero que tú lo hayas seguido, aunque a veces hayas tenido que caminar solo. Porque no te miento, Manuel: sé que el mundo allá afuera puede doler, puede rechazar, puede castigar lo que no entiende. Pero también sé que hay gente que ama sin condiciones, que abraza sin preguntar, que canta contigo aunque desafines. Espero que hayas encontrado a esas personas. Y, si no, que hayas aprendido a ser tú esa persona.


¿Te enamoraste? ¿Te rompieron el corazón? ¿Lo volviste a armar con cinta, con versos, con paciencia? ¿Aprendiste que amar no es una debilidad sino una fuerza que arde? Ojalá que sí. Y si aún te duele algo, está bien. No huyas de ese dolor. Escúchalo. Él también te pertenece.


Yo, desde aquí, desde esta infancia con cicatrices que apenas entiendo, te envío ternura. Toda la ternura que tal vez hayas olvidado darte. Te mando mi risa sin filtros, mis sueños sin límites, mi voz sin miedo. Porque tú, señor Manuel Nieves, eres lo que yo espero llegar a ser. Y quiero que sepas que, aunque los años hayan pasado, yo te sigo amando como solo un niño sabe amar: sin condiciones.


Cuídate. Y si alguna vez te sientes perdido, vuélvete hacia mí. Yo aún te espero, con los pies descalzos y los ojos llenos de cielo.


Con amor eterno,

Manuel.

(El niño que aún cree que sentir es resistir)

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