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Puedes meter gol con una pelota rosada.

Puedes meter gol con una pelota rosada.

Las Palabras.

No puedes disimular el dolor mientras el corazón se estruja como una esponja que usas para limpiar pisos. Nos conocimos por Facebook, hace un poco más de seis años, él tenía 19 años llenos de energía, yo entraba a la nueva experiencia de cumplir 35 años, con una vida casi resuelta, docente universitario y también jugando a ser empresario. Aquella tarde leía plácidamente “el equipaje del viajero”, donde decía: “Las palabras son buenas. Las palabras son malas. Las palabras ofenden. Las palabras piden disculpa. Las palabras queman. Las palabras acarician. Las palabras son dadas, cambiadas, ofrecidas, vendidas e inventadas”, de pronto una notificación del Facebook me interrumpió, era él y quería verme. Así como se emocionan los hinchas de fútbol cuando su equipo favorito mete gol, o cuando visitas por primera vez alguna maravilla del mundo, así como el primer amor, así me emocioné. A las ocho en punto se iría a mi departamento, me visitaría. Como siempre y ya no era raro en mí, empezó el sistema de auto sabotaje, primero bombardeándome con miles de preguntas ¿Y si no viene? ¿Y si sus palabras son ofrecidas? ¿Y si tan solo por haberme enviado algunas fotos de su pene, quizá querrá algo?, preguntas que por algún motivo me desanimaban a recibirlo; de rato en rato agarraba el libro, “Las palabras están ausentes. Algunas palabras nos absorben, no nos dejan: son como garrapatas, vienen en los libros, en los periódicos, en los mensajes publicitarios, en los rótulos de las películas, en las cartas y en los carteles. Las palabras aconsejan, insinúan…”.

Tratar de buscar el amor de esa forma, era engañarme a mí mismo, era vivir una ilusión víspera de un cruel desengaño, era no pensar en mañana, no saber vivir o vivir a medias. Sonó el timbre, a través de las cámaras de vigilancia supe que era él. Bajé a abrirle la puerta, era más guapo de lo que pensé, más fotogénico que su perfil, quedé impresionado de esa belleza masculina que me susurraba al oído, soy todo tuyo. ¿Tienes computadora con internet? Me preguntó mientras se percataba de mi visible nerviosismo. Claro que sí, adelante, pasa al segundo piso, está en mi oficina, le dije, sin quitarle mis  ojos de sus ojos. ¿Me puedes comprar un chimpún Nike que está en oferta?, solo necesitamos tarjeta de crédito y tú sabes, todo corre a cuenta de lo que ya quedamos. Como si fuera una orden, hice lo que me pidió, ensimismado en una situación nueva, humillante, pero sin valor de protestar, sin valor de nada. ¡Gracias¡ En tres días llegará, me decía mientras corroborábamos el número de pedido con el voucher de pago.

“Las palabras imponen, conminan, segregan, eliminan. Son melifluas o ácidas. El mundo gira sobre palabras lubrificadas con aceite de paciencia. Los cerebros están llenos de palabras que viven en paz y en armonía con sus contrarias y enemigas. Por eso la gente hace lo contrario de lo que piensa creyendo pensar lo que hace. Hay muchas palabras”. Conversamos un buen rato, tenía las piernas de futbolista, un cuerpo precioso donde no cabía un cm de grasa, una sonrisa que combinaba perfectamente con sus ojos, mostrando el rostro con malicia sexual. De pronto no había mucho de qué hablar ¿y qué haríamos, tendríamos sexo como habíamos pactado? O simplemente lo dejaría ir como lo hice con otros para nunca más volverlo a ver, sin ganas ni coraje para pedirle que me devuelva “el favor”. Bajamos las escaleras, quizá notó mi nerviosismo, al pasar por la cocina me pidió un vaso con agua, fue ahí donde se me acercó tanto a tal punto de rozar sus labios con los míos. Tengo tatuajes, ¿quieres verlos? me dijo con los ojos más vivaces que nunca, se levantó el polo manga cero y en ese abdomen de acero, se dibujaban unas extrañas letras que simulaban unas figuras extrañas. ¡tatuajes, qué horror! Pensé. Me gusta que me los besen, me volvió a decir algo excitado. Me incliné a besarlos con mucha ternura, mi atracción y emoción hacia él iba en aumento mientras exploraba con mis labios el resto de la pintura green que contorneaba su cadera, agarró mi rostro con su mano y me levantó. Empezamos a besarnos apasionadamente como dos amantes viejos, seguía acariciándome el rostro como si su deseo siempre estuvo ahí, como si nuestros efluvios siempre hubieran convergido en más de un beso apasionado. Tengo que irme, me dijo mientras trataba de esconder una erección a medias. Me abrazó y me dio el beso de despedida. Yo estaba tan consternado que solo escuché el sonido de la puerta que hacía al cerrar, vi el reloj,  eran casi las diez de la noche y yo tenía que dormir temprano porque madrugaba para dictar clases en la Nacional.

 CONTINUARÁ... 

Comentarios

  1. La Gran Madre es Real ... Soy Aisha Kun y quiero testificar sobre la Gran Madre cómo me curó de las ayudas para el VIH. Me diagnosticaron esta enfermedad hace algún tiempo y estaba preocupada. Cuando estaba buscando en Internet una cura, me encontré con algunos testimonios de la Gran Madre de cómo ella ha ayudado a mucha gente y decidí contactarla para obtener información y explicarle. Ella se rió y me dijo que me ayudaría y me sorprendió. Ella me envió la cura y era un aceite espiritual sagrado y agua que es más que una medicina. Ella me dirigió sobre cómo tomarlo y lo hice. Tomé la cura durante 3 semanas y fui al médico para un chequeo y para mi gran sorpresa, la enfermedad ya no estaba en mi sistema. Estoy muy contenta y quiero agradecer a la Gran Madre por ayudarme. Póngase en contacto con ella ahora en su correo electrónico: Greatmotherofsolutiontemple1@yahoo.com también puede comunicarse con ella en su número de whatsapp +17025514367. Si tiene alguna enfermedad, ella puede ayudarlo. Contacta con ella ahora

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