Ir al contenido principal

Día uno.


Claro, es propio de mi trasnoche que no puedo imaginarme otro título. En el fondo da igual, porque en realidad es el día uno de este blog, que a buena o quizá mala hora ideé para dejar fluir lo que quiero escribir, para que tú  y yo nos conozcamos más, ¿entiendes no? O sea, a través de estas líneas seremos íntimos, usted mi lector y yo, tu émulo de escritor. Y es que es así, uno va dando saltos en la vida tratando de disimular nuestra pesadez, pero eso es otro tema, una condición casi natural en esta sociedad que nos pinta con un solo rostro, una sociedad variopinta de caras que se transforman al ritmo de su conveniencia.

Solo es día uno, vendrán otros más, vendrán más títulos, artículos de todo tipo, si tienes una historia que contar, bienvenido seas. He llamado Filósofo trasnochado, porque eso es lo que soy, hace muchos años que no duermo las 8 horas reglamentadas y bueno, lo de filósofo es algo que va más allá del sarcasmo, es una forma de reírme de mi mismo, una manera de ser quien soy y brindar por ello.

Entonces festejemos el día uno como el primero, ya vendrán mejores títulos.



Comentarios

Entradas populares de este blog

El algoritmo no sabe de dolores.

En el Perú se esperaba dos catástrofes: una política y otra social de índole climatológico. La primera se evidenció con el triunfo de la candidata Keiko Fujimori, hija de unos de los dictadores más corruptos de la historia peruana. El legado de Fujimori sigue haciendo daño al país hasta el sol de hoy, y son muy pocos los escritores nacionales que se embarcaron en una crítica por lo menos justa para devolverle al país un poco de dignidad, sin dejar de lado la democracia.    Las otras catástrofes fueron anunciadas hace años: el fenómeno del niño (ahora recién lo vemos en desmedro de quienes lo padecen), y pocos escritores peruanos  ― tocados o no por la collera de la argolla literaria limeña ―   hablan del tema, o porque no les interesa, o porque lo que viene de provincia no es digno de sus letras, de su tiempo y de su alcurnia literaria forrada con oropel. Por último hay una catástrofe que será irreversible, aun siendo incierta Lima tiene un silencio telúrico de decen...

EL MISTERIO DE MANUEL

  A Manuel Nieves lo precedía un misterio antes que su perfume. Nadie en el box sabía exactamente de qué trabajaba ni por qué, incluso a las nueve de la mañana, cuando llegaba después de sus dos horas de entrenamiento, parecía recién salido de una sesión de fotos y no de una batalla con el saco. Entraba siempre con paso decidido, la ropa impecable: zapatillas limpias como promesa nueva, camiseta que combinaba con el short como si hubiera sido elegida por un director de arte obsesivo, y ese reloj negro que brillaba apenas, como si midiera otra clase de tiempo. —Profesor —decía Manuel, alzando la mano con una seriedad casi parlamentaria—, ¿puede repetir el movimiento? Lo preguntaba todo. Absolutamente todo. Sus compañeros, muchos más jóvenes, empezaron a notarlo. No solo por la ropa, ni por la forma en que fruncía el ceño cuando veía una mancha en el piso. Era otra cosa. Manuel tenía una intensidad que no cabía del todo en el ring. Golpeaba con furia elegante, como si cada puñeta...

A ti brother, que te crees el man.

He notado siempre desde muy chico, que a los “varones” les gustaba la pornografía, desde las páginas de Playboy, hasta cintas de video tape de sexo triple equis. En todo caso, era más evidente que se deleitaban más con desnudos femeninos y escenas de sexo. En una sociedad de heteropatriarcado, no nos debería llamar la atención que esta predilección se estereotipe a la comunidad masculina. En casos como PlayGirls, la situación fue cambiando de público al convertirse una publicación para nosotros, los LGTBI. Bueno, lejos de tratar de remembrar la historia, iré al punto. Acabo de leer en Facebook una valiente confesión, llena de sinceridad y cojones; sí, en estos tiempos dónde admitir un error es inclusive peor que el error mismo, en el que la sinceridad desagrada, en el que la doble moral es como un papel higiénico de dos hojas (al final terminas cagándola), en estos tiempos que ser hombre te da no solo una ligera ventaja, sino un valor agregado para hacer “mejor” las cosas. S...