Ir al contenido principal

Mi activismo LGTBI nació gracias a ti.


Entre tanta gente exponiendo sus cuerpos, sus rostros para llamar la atención, esperando sus likes para llenar el gran vacío que nos deja el sin sabor de no aprender a tener valor. Entre tanta gente y sin saber que pasaría después te elegí a ti.

Fue un octubre de hace exactamente siete años, todo empezó con un simple ¡Hola!, eran las tres de la tarde de un día cualquiera de octubre, una de esas tardes que se llena de hastío y recurre a ti la nostalgia de estar acompañado, de sentirte vivo. Llegaste, te miré con mucha atención, eras un joven que gozaba locamente de la vida, sin sentido, sin rumbo, metalizado hasta los huesos, no me sentí culpable al pensar que eras una persona que se ganaba la vida vendiendo sexo.

Octubre de 2018, no me queda más que el bonito recuerdo (hay que quedarse siempre con las cosas buenas) ha desaparecido casi todo, la lealtad, el respeto, los mensajes que cada mañana me llegaban al despertar, los mensajes al anochecer, mi sonrisa; solo queda el triste recuerdo y la inevitable sensación de una soledad inmediata.

Pero no todo es malo, durante esos años de encuentros y desencuentros, donde a veces era el amante y otras veces el formal, ha trascurrido mi vida como el agua que baja por el puente, limpia, cristalina, esperanzada en algo mejor, un liquido que nunca hacía bulla por no despertar sospechas de la gente, sin contar que los pasos que dan en algún elemento líquido, hacen el peor de los ruidos, generando barro y ensuciando el agua que se observa desde el puente, donde propios y extraños se hacían preguntas que nunca intentamos (intentaste responder por miedo). En ese tiempo donde muestra felicidad solo la vivíamos a escondidas, me dediqué a mí, estudié, trabajé, seguí estudiando y decidí apostar por algo más grande, luchar por gente como tú, amigas y amigos que por prejuicio de la gente no se aman como debería ser, que nos entregamos el uno al otro en la moralidad más oscura, en los silencios más distantes, en el sentimiento de culpa, llenos de pecados que solo la gente tibia y temerosa podía aceptar. Pues yo no lo acepté, decidí ser activista, decidí ayudarte, aunque tu entorno cavernícola y cobarde no me lo permitía. Fue cuando decidí ser activista LGTBI, por amor a mí, a ti y a los demás.

Noviembre de 2018, sentado frente a un computador portátil, me doy cuenta que el tiempo no pasa en vano, y pienso, ya otros amores curarán esas heridas frescas, otros triunfos vendrán, otros más interesados que tu aparecerán, pero gracias a ti, ya empecé mi camino, quizá fuiste el motivo menos esperado, me pusiste en el camino y sé que seguiré con mucha fuerza porque tengo la convicción que siempre el amor gana, pero contigo ya no.

(Pónganle como soundtrack de esta historia "Pretty Woman"). 😎

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Último Adiós en la Selva Tarapotina.

Escuché el grito de mi madre. Me desperté de golpe, con el pecho encogido y la respiración entrecortada. La enfermera encendió la luz y, con voz grave, me dijo: “Es tu papá”. Salté de la cama y corrí hacia la habitación. Mi hermana hizo lo mismo, con el rostro desencajado, los ojos desorbitados. En los ojos de mi madre vi algo que no había visto nunca, un espejo en el que se reflejaba la muerte. Dos días antes, nos habían diagnosticado COVID-19: mi hermana, su esposo, mamá, papá y yo. Regresemos a esa madrugada. Una voz rasgó la calma de nuestra casa de campo. Una voz que pedía auxilio, una voz que quebró la noche. Mi madre lloraba. Juntaba las manos, quizás implorando, quizás temblando. En ese momento, el tiempo se volvió líquido. Lo que viví después fue una tormenta de emociones: amor, paciencia, terror, gratitud. Dacio llegó a mi vida cuando yo tenía seis años. El primer libro que me regaló fue La isla del tesoro. Aquel hombre que visitaba a mi madre en casa de mi abuela, aquel homb...

Lo que no tolero y me hace libre.

Tengo un blog que casi nadie lee; sin embargo, me es indiferente si lo hacen o no. A veces, cuando pienso en si debo retirarlo de las redes, pesa más en mí el hecho de que algunas partes de mi vida se reflejan indirectamente en sus publicaciones.   Hace casi 20 años dejé de leer autoayuda, cuando investigué las novelas de Paulo Coelho y descubrí que es un vil recolector de historias ajenas. Aun así, la gente cree que es escritor. Pero bueno, gustos son gustos, y en la lectura hay niveles.   No quiero escribir ni de mi blog ni de Paulo Coelho. Quiero que este pequeño post —cuyas letras se deslizan a través de mis dedos y el teclado para formar palabras, luego frases y después párrafos— sea algo personal, una enumeración de cosas que detesto.   Me molesta Dina Boluarte, pero mi desprecio hacia Keiko ya no tiene límites. En general, me exaspera la clase política.   No me gusta usar WhatsApp; solo lo uso para situaciones personales o laborales puntuales, y con las person...

El Día Internacional del Libro en el Perú: Cuando Leer es un Acto de Resistencia

Cada 23 de abril, el mundo celebra el Día Internacional del Libro con ferias, homenajes a autores y discursos grandilocuentes sobre la importancia de la lectura. Pero en el Perú, esta fecha no es más que una burla. Aquí, los libros son artículos de lujo, la educación privada el mejor de los negocios, y la cultura escrita, un privilegio al que muy pocos acceden. Las cifras lo confirman: según el INEI (2022), el peruano promedio lee 1.8 libros al año, una miseria intelectual que nos condena al atraso. Peor aún, 1.5 millones de peruanos son analfabetos, la mayoría mujeres pobres, indígenas y rurales, abandonadas por un Estado que las considera ciudadanas de segunda clase. Este no es un problema de voluntad individual, sino de un sistema podrido que perpetúa la ignorancia como herramienta de control.   El bajo índice de lectura no es casualidad; es el resultado de décadas de abandono estatal. No hay bibliotecas públicas dignas, no hay formación docente de calidad, no hay políticas...